La Iglesia de Torralba se llenó el sábado por la noche para sentir el paso de la muerte a la vida de CRISTO RESUCITADO. La solemne vigilia es la misa mas importante para los cristianos, CRISTO ha muerto por nosotros y ha RESUCITADO para darnos la vida eterna, ALELUIA¡¡.
ASÍ SE VIO LA IGLESIA EL SÁBADO A LAS 00:00 HORAS.
Bienvenidos al blog creado por la parroquia Santísima Trinidad de Torralba de Calatrava. Esperemos que sea de vuestro agrado. PARA SUBIR NOTICIAS, VIDEOS, AVISOS, ACTIVIDADES ETC A ESTE BLOG, CONTACTAR PREVIAMENTE CON LOS SIGUIENTES E-MAILS: leonnima@gmail.com ó teresi1414@hotmail.com
martes, 2 de abril de 2013
miércoles, 20 de febrero de 2013
VIGILIA DE ORACIÓN y CHOCOLATE SOLIDARIO
El sábado 23 de febrero,estáis todos/as invitados a la CHOCOLATE SOLIDARIO que tendrá lugar en la Parroquia Santísima Trinidad tras la Vigilia de Oración a las 19:30 horas .
Lo recaudado en este proyecto y en el mercadillo irá destinado a MANOS UNIDAS.
¡GRACIAS POR VUESTRA SOLIDARIDAD!
Lo recaudado en este proyecto y en el mercadillo irá destinado a MANOS UNIDAS.
¡GRACIAS POR VUESTRA SOLIDARIDAD!
miércoles, 13 de febrero de 2013
MIÉRCOLES DE CENIZA
El Miércoles de Ceniza es para los católicos día de ayuno y abstinencia, se realiza la imposicion de la ceniza a los fieles que asisten a Misa. Da inicio a la “Cuaresma” (40 días de preparación para la Pascua), que comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos.
Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza o la frente de los fieles, como signo de la caducidad de la condición humana. Mientras el sacerdote lo hace repite las palabras “Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir”.
La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados.
Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza o la frente de los fieles, como signo de la caducidad de la condición humana. Mientras el sacerdote lo hace repite las palabras “Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir”.
La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados.
jueves, 7 de febrero de 2013
MANOS UNIDAS: campaña contra el hambre 2013
HORARIOS DE ACTIVIDADES EN LA PARROQUIA
"MERCADILLO SOLIDARIO": DOMINGO 10 POR LA TARDE EN LA PLAZA DE LA VILLA Y FINES DE SEMANA DEL 16 Y 17, 23 Y 24 EN LOS HORARIOS DE MISA.
VIGILIA DE ORACIÓN Y CHOCOLATE SOLIDARIO: DOMINGO 23 A LAS 19:30.
VIERNES 8 DE FEBRERO: DÍA DELA AYUNO VOLUNTARIO
DOMINGO 10 DE FEBRERO: JORNADAS NACIONALES DE MANOS UNIDAS
PUEDES VISITAR EL BOLETÍN INFORMATIVO OFICIAL EN:
martes, 22 de enero de 2013
INFANCIA MISIONERA
El 27 de enero se celebra
NUESTRO LEMA
“CON LOS NIÑOS DE EUROPA...ACOGEMOS A TODOS COMO JESÚS " Es la última estación del recorrido que están haciendo los niños de Infancia Misionera por los cinco continentes.
EL CARTEL DE LA JORNADA
Para referirse a Europa, Infancia Misionera usa el color blanco. Este aparece por el conjunto del cartel, donde la escena de los niños evoca algunas de las cualidades que ordinariamente se asocian al color blanco, como son la fe, la paz, la luz, la bondad, además de la piel blanca de los europeos.
En torno al mapamundi, cinco niños, con rasgos específicos de cada uno de los continentes, se abrazan entre sí. En la cabecera, la imagen de Jesús, que se une al grupo poniendo sus manos sobre los hombros de dos de los niños. De su persona salen esos rayos de luz que iluminan todo el universo. Desde la amistad con Jesús se puede contemplar la realidad del mundo, a la vez que se siente la alegría que brota del reconocimiento de que todos somos iguales, como puede comprobarse en sus rostros.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Fiesta de la Sagrada Familia
Hoy todos deberíamos mirar a la familia de Nazaret y tratar de descubrir en ella su profundo sentido religioso. La familia de Nazaret todo lo ve desde Dios todo lo vive desde Dios todo lo acepta como venido de Dios todo lo hace para responder a Dios y hacer su voluntad, y nosotros si lo hacemos asís nuestros ambientes familiares serán de armonía, de servicio, de comprensión, de ayuda, de alegría, de enriquecimiento y estaremos proponiendo a los más jóvenes una manera de entender y de orientar la vida que tendrá mucho de entrega a los demás…
Con esta invitación terminaba, D. Manuel, la homilía en la festividad de la Sagrada Familia, donde recordamos y celebramos que Dios quiso nacer en una familia humilde de Nazaret.
En sus palabras expresó como, actualmente, hay un interés demasiado creciente en barrer en nuestra sociedad todo lo que tenga que ver con lo religioso, habiendo cada vez más voces que se empeñan en trasmitir que la fe cristiana no es necesaria para el crecimiento y el desarrollo de la persona.
Frente a estas situaciones y respetando otras opciones de vida, nosotros que somos creyente seguimos pensando que lo que realmente ayuda a la persona a crecer es todo aquello que se apoya en la fe. Sin la fe quedaríamos reducidos a una vida terrenal y pobre en situaciones que no pueden satisfacer los anhelos que anidan y mejoran el corazón humano.
Dentro de esta fiesta de la Sagrada Familia renovaron sus promesas matrimoniales un numeroso grupo de matrimonios que celebraron sus 25 o 50 años de casados.
Renovaron y actualizaron sus promesas delante de Dios, dándose nuevamente un sí, un sí pleno donde, en palabras de D. Manuel: se han compartido y se seguirán compartiendo risas y pesares, disgustos y alegrías, nostalgias y añoranzas, encuentros y desencuentros, aprendiendo a sufrir juntos compartiendo el valor de la espera, compartiendo la extraordinaria paciencia, la escucha y compartiendo la infinita riqueza del perdón, sabiendo que en casa siempre hay una persona que espera que escucha y que perdona, algunas veces es el esposo otras veces es la esposa. Celebración llena de recuerdos, los recuerdos de aquellas primeras promesas, promesas que se han ido convirtiendo en figuras que son vuestros hijos y vuestros nietos esos hijos que han ido llenando los tiempos de las esperas. Estos años de vida compartida se sintetizan en una felicidad que os mantiene juntos, juntos en la alegría y en la tristeza, en el dolor, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermad hasta que la muerte os separe.
Extendió su bendición a todas las familias de Torralba y, especialmente, a las que celebraron sus bodas de Oro y de Plata y a todas aquellas que fueron a compartir el misterio que da sentido a nuestra vida de fe y a nuestra vida de familia que es la Eucaristía, celebración que alimenta para y da sentido a esa vida compartida que se ve enriquecida por el amor de Dios, un amor que celebramos en la Eucaristía como amor oblativo, como amor que se ofrece incluso como es el amor de Dios a los hombres que da la vida por el otro. Este es el sentido que se da a esta celebración a esta fiesta donde la familia sigue siendo fundamental en la tarea de la transmisión y vivencia de la fe.
lunes, 24 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
IV Domingo de Adviento
La presencia divina en la historia, anunciada por Natán y por tantos otros profetas, llega a su momento culminante a través de María: la descendencia de la dinastía de David, es decir, la historia de la salvación del antiguo Israel, alcanza ahora, a través de la Virgen de Nazaret, su plenitud. Es la concepción por obra del Espíritu Santo, es decir, la proclamación de la presencia divina en la carne de Jesús, el hijo de María de Nazaret. La salvación llega a nosotros en la sencillez y la pobreza de un Niño. La Palabra de Dios nos prepara así al misterio de la Navidad.
domingo, 16 de diciembre de 2012
III Domingo de Adviento
La Palabra de Dios de este domingo nos invita a estar alegres. El Señor que está cerca debe ser nuestra alegría en el compartir, en el amar, en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestra vida diaria.
Llenemos nuestra vida de alegría que nace de sabernos en las manos de Dios: “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres…” Flp 4, 4-7.
martes, 11 de diciembre de 2012
II Domingo de Adviento
La liturgia de este segundo Domingo nos invita a la conversión. Presenta la figura de Juan como aquel que predica la “conversión”, porque “el reino de los cielos se está acercando”.sábado, 8 de diciembre de 2012
Celebración de la Inmaculada Concepción de María
Hoy celebramos el día de la Inmaculada Concepción de María. Este dogma, también conocido como Purísima Concepción, es una creencia del catolicismo que sostiene que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, estuvo libre de todo pecado.
En este día la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado. La doctrina reafirma con la expresión "llena eres de gracia" (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.
En este día la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado. La doctrina reafirma con la expresión "llena eres de gracia" (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.
La carne de Dios llena
Inmaculada siempre,
y siempre pura,
diste ser, de tus carnes
al Bien mío.
Así en la blanca altura
la limpia nieve
se convierte en río
sin perder su limpieza
y su blancura.
La carne de Dios llena
que redimió
la tierra pecadora
atravesó, Señora
tu carne de azucena,
como el cristal
el rayo de la aurora.
Por los aires
preñados de alegría
el son de las campanas
se ha perdido.
Hasta el cielo ha subido
la clara melodía:
y el Arcángel allí,
se la ha ofrecido,
cual cestillo de flores,
a María.
José María Pemán
viernes, 30 de noviembre de 2012
I DOMINGO DE ADVIENTO
Entre las muchas cosas que se preparan está la corona de Adviento que simboliza nuestra peregrinación. Es una corona de ramas verdes en la que se fijan cuatro velas, colocadas sobre una mesita, o sobre un tronco de árbol. En el centro de la corona se deja un espacio para poder colocar y encender, en la noche de Navidad, una vela blanca más grande.
Enciende tu vela, prepara tu corazón, recibe a Dios que se hace hombre entre nosotros.
PREPÁRATE PARA RECIBIR AL SEÑOR
sábado, 27 de octubre de 2012
domingo, 7 de octubre de 2012
Cine
Película
recomendada:
La
película está inspirada en un chico canario, Antonio González Valerón, al que
el director y guionista Paco Arango conoció durante la estancia hospitalaria
del joven en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Los recursos económicos
generados por esta película serán destinados a sufragar la construcción de un
centro de trasplantes de médula ósea para niños.
Sinopsis:
Manolo atraviesa una crisis aguda: la rutina de su trabajo le resulta
insoportable, su matrimonio con Beatriz está al borde del abismo y las
relaciones con sus hijos no son buenas. Un día, conoce a Antonio, un chico
canario de 15 años, con cáncer, pero con unas ganas de vivir tan contagiosas
que la vida de Manolo da un vuelvo radical. Reparto: Diego Peretti, Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo, Andoni Hernández, Rosa María Sardá, Amparo Baró, Mariví Bilbao, Enrique Villén, Jorge García, Laura Esquivel.
domingo, 8 de julio de 2012
Evangelio de hoy y comentario
Día litúrgico: Domingo XIV (B) del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mc 6,1-6): En aquel tiempo, Jesús fue a su patria, y sus discípulos le seguían. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
Comentario:
Y se extrañó de su falta de fe
Hoy la liturgia nos ayuda a descubrir los sentimientos del Corazón de Jesús: «Y se extrañó de su falta de fe». Sin lugar a dudas, a los discípulos les debió impresionar la falta de fe de los conciudadanos del Maestro y la reacción del mismo. Parecía lo más normal que las cosas hubieran sucedido de otra manera: llegaban a la tierra donde había vivido tantos años, habían oído contar las obras que realizaba, y la consecuencia lógica era que le acogieran con cariño y confianza, más dispuestos que los demás a escuchar sus enseñanzas. Sin embargo, no fue así, sino todo lo contrario: «Y se escandalizaban a causa de Él».
La extrañeza de Jesús por la actitud de los de su tierra, nos muestra un corazón que confía en los hombres, que espera una respuesta y al que no deja indiferente la falta de la misma, porque es un corazón que se da buscando nuestro bien. Lo expresa muy bien san Bernardo, cuando escribe: «Vino el Hijo de Dios e hizo tales maravillas en el mundo que arrancó nuestro entendimiento de todo lo mundano, para que meditemos y nunca cesemos de ponderar sus maravillas. Nos dejó unos horizontes infinitos para solaz de la inteligencia, y un río tan caudaloso de ideas que es imposible vadearlo. ¿Hay alguien capaz de comprender por qué quiso morir la majestad suprema para darnos la vida, servir Él para reinar nosotros, vivir desterrado para llevamos a la patria, y rebajarse hasta lo más vil y ordinario para ensalzarnos por encima de todo?».
Podría pensarse en lo que hubiera cambiado la vida de los habitantes de Nazareth si se hubieran acercado a Jesús con fe. Así, tenemos que pedirle día a día como sus discípulos: «Señor, aumenta nuestra fe» (Lc 17,5), para que nos abramos más y más a su acción amorosa en nosotros.
La extrañeza de Jesús por la actitud de los de su tierra, nos muestra un corazón que confía en los hombres, que espera una respuesta y al que no deja indiferente la falta de la misma, porque es un corazón que se da buscando nuestro bien. Lo expresa muy bien san Bernardo, cuando escribe: «Vino el Hijo de Dios e hizo tales maravillas en el mundo que arrancó nuestro entendimiento de todo lo mundano, para que meditemos y nunca cesemos de ponderar sus maravillas. Nos dejó unos horizontes infinitos para solaz de la inteligencia, y un río tan caudaloso de ideas que es imposible vadearlo. ¿Hay alguien capaz de comprender por qué quiso morir la majestad suprema para darnos la vida, servir Él para reinar nosotros, vivir desterrado para llevamos a la patria, y rebajarse hasta lo más vil y ordinario para ensalzarnos por encima de todo?».
Podría pensarse en lo que hubiera cambiado la vida de los habitantes de Nazareth si se hubieran acercado a Jesús con fe. Así, tenemos que pedirle día a día como sus discípulos: «Señor, aumenta nuestra fe» (Lc 17,5), para que nos abramos más y más a su acción amorosa en nosotros.
sábado, 7 de julio de 2012
Evangelio de hoy y comentario
Día litúrgico: Sábado XIII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 9,14-17): En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan».
Comentario:
Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán
Hoy notamos cómo con Jesús comenzaron unos tiempos nuevos, una doctrina nueva, enseñada con autoridad, y cómo todas las cosas nuevas chocaban con la praxis y el ambiente dominante. Así, en las páginas que preceden al Evangelio que estamos contemplando, vemos a Jesús perdonando los pecados al paralítico y curando su enfermedad, mientras que los escribas se escandalizan; Jesús llamando a Mateo, cobrador de impuestos y comiendo con él y otros publicanos y pecadores, y los fariseos “subiéndose por las paredes”; y en el Evangelio de hoy son los discípulos de Juan quienes se acercan a Jesús porque no comprenden que Él y sus discípulos no ayunen.
Jesús, que no deja nunca a nadie sin respuesta, les dirá: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán». El ayuno era, y es, una praxis penitencial que contribuye a «adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón» (Catecismo de la Iglesia, n. 2043) y a impetrar la misericordia divina. Pero en aquellos momentos, la misericordia y el amor infinito de Dios estaba en medio de ellos con la presencia de Jesús, el Verbo Encarnado. ¿Cómo podían ayunar? Sólo había una actitud posible: la alegría, el gozo por la presencia del Dios hecho hombre. ¿Cómo iban a ayunar si Jesús les había descubierto una manera nueva de relacionarse con Dios, un espíritu nuevo que rompía con todas aquellas maneras antiguas de hacer?
Hoy Jesús está: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20), y no está porque ha vuelto al Padre, y así clamamos: ¡Ven, Señor Jesús!
Estamos en tiempos de expectación. Por esto, nos conviene renovarnos cada día con el espíritu nuevo de Jesús, desprendernos de rutinas, ayunar de todo aquello que nos impida avanzar hacia una identificación plena con Cristo, hacia la santidad. «Justo es nuestro lloro —nuestro ayuno— si quemamos en deseos de verle» (San Agustín).
A Santa María le suplicamos que nos otorgue las gracias que necesitamos para vivir la alegría de sabernos hijos amados.
Jesús, que no deja nunca a nadie sin respuesta, les dirá: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán». El ayuno era, y es, una praxis penitencial que contribuye a «adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón» (Catecismo de la Iglesia, n. 2043) y a impetrar la misericordia divina. Pero en aquellos momentos, la misericordia y el amor infinito de Dios estaba en medio de ellos con la presencia de Jesús, el Verbo Encarnado. ¿Cómo podían ayunar? Sólo había una actitud posible: la alegría, el gozo por la presencia del Dios hecho hombre. ¿Cómo iban a ayunar si Jesús les había descubierto una manera nueva de relacionarse con Dios, un espíritu nuevo que rompía con todas aquellas maneras antiguas de hacer?
Hoy Jesús está: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20), y no está porque ha vuelto al Padre, y así clamamos: ¡Ven, Señor Jesús!
Estamos en tiempos de expectación. Por esto, nos conviene renovarnos cada día con el espíritu nuevo de Jesús, desprendernos de rutinas, ayunar de todo aquello que nos impida avanzar hacia una identificación plena con Cristo, hacia la santidad. «Justo es nuestro lloro —nuestro ayuno— si quemamos en deseos de verle» (San Agustín).
A Santa María le suplicamos que nos otorgue las gracias que necesitamos para vivir la alegría de sabernos hijos amados.
viernes, 6 de julio de 2012
Evangelio de hoy y comentario
Día litúrgico: Viernes XIII deltiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Comentario:
Sígueme
Hoy, el Evangelio nos habla de una vocación, la del publicano Mateo. Jesús está preparando el pequeño grupo de discípulos que han de continuar su obra de salvación. Él escoge a quien quiere: serán pescadores, o de una humilde profesión. Incluso, llama a que le siga un cobrador de impuestos, profesión menospreciada por los judíos —que se consideraban perfectos observantes de la ley—, porque la veían como muy cercana a tener una vida pecadora, ya que cobraban impuestos en nombre del gobernador romano, a quien no querían someterse.
Es suficiente con la invitación de Jesús: «Sígueme». Con una palabra del Maestro, Mateo deja su profesión y muy contento le invita a su casa para celebrar allí un banquete de agradecimiento. Era natural que Mateo tuviera un grupo de buenos amigos, del mismo “ramo profesional”, para que le acompañaran a participar de aquel convite. Según los fariseos, toda aquella gente eran pecadores reconocidos públicamente como tales.
Los fariseos no pueden callar y lo comentan con algunos discípulos de Jesús: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». La respuesta de Jesús es inmediata: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal». La comparación es perfecta: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Las palabras de este Evangelio son de actualidad. Jesús continúa invitándonos a que le sigamos, cada uno según su estado y profesión. Y seguir a Jesús, con frecuencia, supone dejar pasiones desordenadas, mal comportamiento familiar, pérdida de tiempo, para dedicar ratos a la oración, al banquete eucarístico, a la pastoral misionera. En fin, que «un cristiano no es dueño de sí mismo, sino que está entregado al servicio de Dios» (San Ignacio de Antioquía).
Ciertamente, Jesús me pide un cambio de vida y, así, me pregunto: ¿de qué grupo formo parte, de la persona perfecta o de la que se reconoce sinceramente defectuosa? ¿Verdad que puedo mejorar?
Los fariseos no pueden callar y lo comentan con algunos discípulos de Jesús: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». La respuesta de Jesús es inmediata: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal». La comparación es perfecta: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Las palabras de este Evangelio son de actualidad. Jesús continúa invitándonos a que le sigamos, cada uno según su estado y profesión. Y seguir a Jesús, con frecuencia, supone dejar pasiones desordenadas, mal comportamiento familiar, pérdida de tiempo, para dedicar ratos a la oración, al banquete eucarístico, a la pastoral misionera. En fin, que «un cristiano no es dueño de sí mismo, sino que está entregado al servicio de Dios» (San Ignacio de Antioquía).
Ciertamente, Jesús me pide un cambio de vida y, así, me pregunto: ¿de qué grupo formo parte, de la persona perfecta o de la que se reconoce sinceramente defectuosa? ¿Verdad que puedo mejorar?
jueves, 5 de julio de 2012
Evangelio de hoy y comentario
Día litúrgico: Jueves XIII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 9,1-8): En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
Comentario:
Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa
Hoy encontramos una de las muchas manifestaciones evangélicas de la bondad misericordiosa del Señor. Todas ellas nos muestran aspectos ricos en detalles. La compasión de Jesús misericordiosamente ejercida va desde la resurrección de un muerto o la curación de la lepra, hasta perdonar a una mujer pecadora pública, pasando por muchas otras curaciones de enfermedades y la aceptación de pecadores arrepentidos. Esto último lo expresa también en parábolas, como la de la oveja descarriada, la didracma perdida y el hijo pródigo.
El Evangelio de hoy es una muestra de la misericordia del Salvador en dos aspectos al mismo tiempo: ante la enfermedad del cuerpo y ante la del alma. Y puesto que el alma es más importante, Jesús comienza por ella. Sabe que el enfermo está arrepentido de sus culpas, ve su fe y la de quienes le llevan, y dice: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados».
¿Por qué comienza por ahí sin que se lo pidan? Está claro que lee sus pensamientos y sabe que es precisamente esto lo que más agradecerá aquel paralítico, que, probablemente, al verse ante la santidad de Jesucristo, experimentaría confusión y vergüenza por las propias culpas, con un cierto temor a que fueran impedimento para la concesión de la salud. El Señor quiere tranquilizarlo. No le importa que los maestros de la Ley murmuren en sus corazones. Más aun, forma parte de su mensaje mostrar que ha venido a ejercer la misericordia con los pecadores, y ahora lo quiere proclamar.
Y es que quienes, cegados por el orgullo se tienen por justos, no aceptan la llamada de Jesús; en cambio, le acogen los que sinceramente se consideran pecadores. Ante ellos Dios se abaja perdonándolos. Como dice san Agustín, «es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde». Y en este caso, la misericordia divina todavía va más allá: como complemento del perdón le devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.
El Evangelio de hoy es una muestra de la misericordia del Salvador en dos aspectos al mismo tiempo: ante la enfermedad del cuerpo y ante la del alma. Y puesto que el alma es más importante, Jesús comienza por ella. Sabe que el enfermo está arrepentido de sus culpas, ve su fe y la de quienes le llevan, y dice: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados».
¿Por qué comienza por ahí sin que se lo pidan? Está claro que lee sus pensamientos y sabe que es precisamente esto lo que más agradecerá aquel paralítico, que, probablemente, al verse ante la santidad de Jesucristo, experimentaría confusión y vergüenza por las propias culpas, con un cierto temor a que fueran impedimento para la concesión de la salud. El Señor quiere tranquilizarlo. No le importa que los maestros de la Ley murmuren en sus corazones. Más aun, forma parte de su mensaje mostrar que ha venido a ejercer la misericordia con los pecadores, y ahora lo quiere proclamar.
Y es que quienes, cegados por el orgullo se tienen por justos, no aceptan la llamada de Jesús; en cambio, le acogen los que sinceramente se consideran pecadores. Ante ellos Dios se abaja perdonándolos. Como dice san Agustín, «es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde». Y en este caso, la misericordia divina todavía va más allá: como complemento del perdón le devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.
miércoles, 4 de julio de 2012
Evangelio de hoy y comentario
Día litúrgico: Miércoles XIII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 8,28-34): En aquel tiempo, Jesús al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos». Él les dijo: «Id». Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.
Comentario:
Le rogaron que se retirase de su término
Hoy contemplamos un triste contraste. “Contraste” porque admiramos el poder y majestad divinos de Jesucristo, a quien voluntariamente se le someten los demonios (señal cierta de la llegada del Reino de los cielos). Pero, a la vez, deploramos la estrechez y mezquindad de las que es capaz el corazón humano al rechazar al portador de la Buena Nueva: «Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término». Y “triste” porque «la luz verdadera (...) vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron» (Jn 1,9.11).
Más contraste y más sorpresa si ponemos atención en el hecho de que el hombre es libre y esta libertad tiene el “poder de detener” el poder infinito de Dios. Digámoslo de otra manera: la infinita potestad divina llega hasta donde se lo permite nuestra “poderosa” libertad. Y esto es así porque Dios nos ama principalmente con un amor de Padre y, por tanto, no nos ha de extrañar que Él sea muy respetuoso de nuestra libertad: Él no impone su amor, sino que nos lo propone.
Dios, con sabiduría y bondad infinitas, gobierna providencialmente el universo, respetando nuestra libertad; también cuando esta libertad humana le gira las espaldas y no quiere aceptar su voluntad. Al contrario de lo que pudiera parecer, no se le escapa el mundo de las manos: Dios lo lleva todo a buen término, a pesar de los impedimentos que le podamos poner. De hecho, nuestros impedimentos son, antes que nada, impedimentos para nosotros mismos.
Con todo, uno puede afirmar que «frente a la libertad humana Dios ha querido hacerse “impotente”. Y puede decirse asimismo que Dios está pagando por este gran don [la libertad] que ha concedido a un ser creado por Él a su imagen y semejanza [el hombre]» (Juan Pablo II). ¡Dios paga!: si le echamos, Él obedece y se marcha. Él paga, pero nosotros perdemos. Salimos ganando, en cambio, cuando respondemos como Santa María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
Más contraste y más sorpresa si ponemos atención en el hecho de que el hombre es libre y esta libertad tiene el “poder de detener” el poder infinito de Dios. Digámoslo de otra manera: la infinita potestad divina llega hasta donde se lo permite nuestra “poderosa” libertad. Y esto es así porque Dios nos ama principalmente con un amor de Padre y, por tanto, no nos ha de extrañar que Él sea muy respetuoso de nuestra libertad: Él no impone su amor, sino que nos lo propone.
Dios, con sabiduría y bondad infinitas, gobierna providencialmente el universo, respetando nuestra libertad; también cuando esta libertad humana le gira las espaldas y no quiere aceptar su voluntad. Al contrario de lo que pudiera parecer, no se le escapa el mundo de las manos: Dios lo lleva todo a buen término, a pesar de los impedimentos que le podamos poner. De hecho, nuestros impedimentos son, antes que nada, impedimentos para nosotros mismos.
Con todo, uno puede afirmar que «frente a la libertad humana Dios ha querido hacerse “impotente”. Y puede decirse asimismo que Dios está pagando por este gran don [la libertad] que ha concedido a un ser creado por Él a su imagen y semejanza [el hombre]» (Juan Pablo II). ¡Dios paga!: si le echamos, Él obedece y se marcha. Él paga, pero nosotros perdemos. Salimos ganando, en cambio, cuando respondemos como Santa María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
martes, 3 de julio de 2012
Evangelio de hoy y comentario
Día litúrgico: 3 de Julio: Santo Tomás, apóstol
Texto del Evangelio (Jn 20,24-29): Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
Comentario:
Señor mío y Dios mío
Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de santo Tomás. El evangelista Juan, después de describir la aparición de Jesús, el mismo domingo de resurrección, nos dice que el apóstol Tomás no estaba allí, y cuando los Apóstoles —que habían visto al Señor— daban testimonio de ello, Tomás respondió: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Jesús es bueno y va al encuentro de Tomás. Pasados ocho días, Jesús se aparece otra vez y dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente».
—Jesús, ¡si ves que alguna vez yo me aparto de ti, ven a mi encuentro, como fuiste al encuentro de Tomás.
La reacción de Tomás fueron estas palabras: «Señor mío y Dios mío!». ¡Qué bonitas son estas palabras de Tomás! Le dice “Señor” y “Dios”. Hace un acto de fe en la divinidad de Jesús. Al verle resucitado, ya no ve solamente al hombre Jesús, que estaba con los Apóstoles y comía con ellos, sino su Señor y su Dios.
Jesús le dice que no sea incrédulo, sino creyente, y añade: «Dichosos los que no han visto y han creído». Nosotros no hemos visto a Cristo crucificado, ni a Cristo resucitado, ni se nos ha aparecido, pero somos felices porque creemos en este Jesucristo que ha muerto y ha resucitado por nosotros.
Por tanto, oremos: «Señor mío y Dios mío, quítame todo aquello que me aparta de ti; Señor mío y Dios mío, dame todo aquello que me acerca a ti; Señor mío y Dios mío, sácame de mí mismo para darme enteramente a ti».
Jesús es bueno y va al encuentro de Tomás. Pasados ocho días, Jesús se aparece otra vez y dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente».
—Jesús, ¡si ves que alguna vez yo me aparto de ti, ven a mi encuentro, como fuiste al encuentro de Tomás.
La reacción de Tomás fueron estas palabras: «Señor mío y Dios mío!». ¡Qué bonitas son estas palabras de Tomás! Le dice “Señor” y “Dios”. Hace un acto de fe en la divinidad de Jesús. Al verle resucitado, ya no ve solamente al hombre Jesús, que estaba con los Apóstoles y comía con ellos, sino su Señor y su Dios.
Jesús le dice que no sea incrédulo, sino creyente, y añade: «Dichosos los que no han visto y han creído». Nosotros no hemos visto a Cristo crucificado, ni a Cristo resucitado, ni se nos ha aparecido, pero somos felices porque creemos en este Jesucristo que ha muerto y ha resucitado por nosotros.
Por tanto, oremos: «Señor mío y Dios mío, quítame todo aquello que me aparta de ti; Señor mío y Dios mío, dame todo aquello que me acerca a ti; Señor mío y Dios mío, sácame de mí mismo para darme enteramente a ti».
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